No hay un horario. No hay una zona para cada cosa. Hay una guitarra, hay vinilos, hay una terraza con la ciudad entera delante. Y hay una forma de moverse por casa que no sigue ningún esquema preestablecido.

Este ático en la calle Alegría se proyectó a partir de esa realidad. No para ordenarla, sino para que cupiera entera.

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  • Construir sobre lo que ya existe

    El edificio tiene carácter. Lo diseñó el padre de la arquitecta, y eso se nota: en los balcones, en la expresividad de cada detalle, en una personalidad que no pide permiso.

    La reforma no intentó borrarlo.

    El pilar azul permanece visible. El pavimento de la terraza y el del interior se trabajan en continuidad, sin ruptura. Los materiales y los volúmenes dialogan con lo que el edificio ya era antes de la intervención.

    Hay proyectos que empiezan desde cero. Este empezó desde lo que ya estaba, y ganó profundidad por eso.

    "No quería que desapareciera lo que hacía especial este sitio. Eso era parte de por qué estaba aquí."

Un espacio abierto para una vida sin compartimentos

La cocina y la sala no se separan. Forman un único ambiente donde cocinar, trabajar, escuchar música o simplemente estar suceden en el mismo plano.

La isla integra fregadero y superficie de comedor. Los muebles bajos corren en paralelo para ampliar el área de trabajo. El sofá, construido a medida, se alinea con el tono del suelo y no rompe la continuidad visual.

El mismo sitio puede ser estudio por la mañana, cocina a mediodía y sala de escucha por la noche. Sin transiciones forzadas, sin reorganizar nada.

"Me gusta no tener que decidir dónde estoy. Simplemente estoy."

En apartamentos compactos, diseñar con esta lógica no es un recurso. Es la decisión más honesta que se puede tomar.

La terraza como parte del interior

Las vistas son de las más potentes del proyecto. Y el diseño las trata como lo que son: un material más.

El gres porcelánico del interior recoge los tonos del solado de la terraza. Las aperturas son amplias. El almacenamiento se concentra en la pared del dormitorio para mantener el resto limpio y preservar la conexión visual con el exterior.

El resultado es que la ciudad entra aunque estés dentro. No como fondo, sino como presencia.

Los materiales acompañan eso. El LACA Roto potencia la luz. El linóleo Mushroom aporta calidez y una durabilidad que no pide cuidados especiales. La chimenea negra introduce contraste y hace que el espacio funcione igual en verano que en los meses fríos.

"En invierno enciendo la chimenea y sigo teniendo la terraza delante. No necesito más."

Una reforma de ático bien resuelta no se nota. Lo que se nota es todo lo demás: que moverse por casa es fácil, que la luz acompaña, que el espacio no impone ninguna forma de vivir concreta.

Este ático no le dice a quien lo habita cómo tiene que usar cada rincón. Se lo deja decidir a ella, cada día, según lo que toque.

Y eso, en diseño de interiores, es más difícil de conseguir de lo que parece.

Proyecto:

LABLANCA Arquitectura y Santa Arquitectura

Fotografías:

Sergio Pradana