Marta de la Rica fundó su estudio de interiorismo en 2013 con una idea clara: trabajar el color, las texturas, las telas y la artesanía para construir espacios pensados para perdurar. Su enfoque combina materiales con historia, maderas naturales, piedra, tejidos con cuerpo, piezas hechas a medida,  con soluciones actuales en distribución, proporciones y acabados. Integra elementos tradicionales con sistemas y líneas contemporáneas, construyendo un lenguaje coherente donde pasado y presente conviven de forma tangible.

Visitamos su estudio,que tiene una característica poco habitual: está integrado en su propia vivienda. No son dos lugares independientes, sino espacios conectados que comparten materiales, distribución y uso diario. Esa proximidad hace que las decisiones no se tomen sólo desde la mirada profesional, sino también desde la experiencia personal.

En este contexto, la cocina no podía ser un elemento aislado. Debía funcionar tanto para el equipo como para la estética del espacio.

“Elegir CUBRO fue algo muy orgánico dentro del proyecto, porque la cocina no debía entenderse como una pieza aislada, sino como una extensión de la arquitectura y del ambiente general del estudio”, explica Marta.

Trabajar con CUBRO permitió definir el espacio desde el uso real y no desde una configuración estándar. La intención no era adaptar la rutina a un sistema cerrado, sino ajustar el sistema a la forma en que se trabaja.

  • En muchos proyectos, la cocina se plantea desde el producto. Aquí el punto de partida fue otro: cómo se utiliza el espacio a diario. El estudio recibe colaboradores, se revisan materiales, se mantienen reuniones informales y, al mismo tiempo. La circulación debía ser clara. El almacenamiento, lógico. Las proporciones, coherentes con el resto de la arquitectura.

    “Buscábamos un sistema que permitiera precisión y carácter a la vez: algo contemporáneo, pero con calidez”, señala Marta.

    Las decisiones estructurales se centraron en tres aspectos: circulación, almacenamiento y coherencia con los materiales ya existentes en el espacio.

    La integración con la arquitectura fue igual de relevante. La piedra de la encimera, la barandilla, los tonos rojizos y las maderas ya definían una base cálida. La cocina debía seguir esa misma línea para no parecer un elemento añadido, manteniendo esos colores y materiales, pero utilizando superficies más actuales y resistentes para el uso diario.

    “La selección partió de un hilo conductor cromático muy claro. La intención fue trasladar esa base cálida y terrosa a un material más contemporáneo, apoyándonos en la solidez cromática de CUBRO para dar coherencia”, explica.

    La combinación de Argil, Pale y Metal responde a esa lógica. Argil aporta profundidad y conecta con los tonos tierra presentes en la vivienda. Pale introduce luminosidad y hace que el conjunto se sienta más ligero y abierto. El laminado Metal y el detalle del tirador añaden un contraste técnico que introduce definición sin romper la coherencia general.

Marta denomina a esta zona “El Lab”. El objetivo era que funcionara como un espacio de trabajo activo, casi experimental, pero sin perder la condición doméstica.

“Queríamos que activará la creatividad y la experimentación, pero que al mismo tiempo siguiera sintiéndose como una casa.

Esa dualidad se consigue a través de la combinación de materiales: piedra, madera, textiles y superficies contemporáneas. No hay una ruptura entre estudio y vivienda, sino continuidad.

El resultado se percibe en el uso diario. La circulación es fluida. Cada elemento tiene una posición definida. Las alturas responden al gesto real de quien utiliza el espacio. No hay ajustes constantes ni adaptaciones forzadas.

Este proyecto es relevante porque reúne dos perspectivas en una misma persona: la de diseñadora y la de clienta. Desde el lado profesional, el sistema debía ofrecer precisión, coherencia arquitectónica y control del lenguaje material. Desde el lado personal, debía facilitar la rutina diaria sin complicaciones.

La cocina, en este caso, no es un elemento añadido al estudio ni a la casa. Es una estructura pensada para acompañar ambas dimensiones. El principio que sostiene el proyecto es simple: un espacio funciona mejor cuando está definido por cómo se utiliza.

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